Las caries destruyen la estructura dental, pudiendo producir infección y dolor e incluso la fractura del diente.

Dejando a un lado factores genéticos que determinan en mayor o menor medida una propensión a su formación, nuestros hábitos pueden contribuir de modo importante, bien a prevenirlas o a ser causa de su origen.

Cuando pensamos en una boca sana enseguida la imaginamos radiante y sin caries, gracias a una cuidada higiene diaria. Y no nos equivocamos. Pero, ¿qué otras cosas pasamos por alto que también afectan a nuestros dientes?

Por un lado, los problemas que pueden surgir de un mal cuidado dental son diversos. A nivel local, afectaciones bucales como enfermedad en las encías, manchas y pérdida de dientes, mal aliento o halitosis. Y a nivel sistémico: diabetes, problemas cardíacos, problemas digestivos, alteraciones fonéticas, aislamiento social e incluso depresión.

Las encías tienen un papel fundamental en el cuidado bucal, son el periodonto de protección de nuestros dientes, un tejido sensible a la inflamación por distintas causas.

Su inflamación (gingivitis) puede derivar en afecciones más graves como la periodontitis, que conlleva una pérdida del hueso alrededor del diente dejándolo sin soporte. Como resultado, los dientes
empiezan a moverse pudiendo llegar a perderse.

Otros factores que influyen en la generación de patologías en la boca son el tabaco, los piercing, cuyo roce continuo sobre los dientes los desgasta e incluso puede partirlos; comerse las uñas, donde las encías también sufren; algunos hábitos profesiones como cortar hilos o cables con la boca.

Incluso otras patologías como el bruxismo, que deja los dientes planos produciendo perdida de la dimensión vertical y modificando la oclusión, lo que deriva en complicaciones más graves que afectan a los maxilares y la articulación temporomandibular (ATM).

Finalmente, cabe destacar que detrás de los cambios de coloración en la boca como manchas blancas, o de aquellas lesiones que duren más de 15 días sin remitir, puede esconderse tumores. Por este motivo, se vuelven imprescindibles las visitas al especialista para poder detectarlas y actuar a tiempo.

Niños y caries. No sólo azúcar

Los pacientes infantiles son especialmente propensos al desarrollo de caries dentales, como todos sabemos acostumbran a comer alimentos muy azucarados, pero éste no es el único motivo.

En el momento de la erupción el esmalte de los dientes está poco mineralizado, por lo que es más vulnerable a los ácidos que las provocan las caries.

La ingesta también frecuente de hidratos de carbono, no lavarse bien los dientes, ni con la frecuencia recomendada, o hábitos como dejar al niño tomando el biberón para que se duerma (caries del biberón), son las causas
más frecuentes de su aparición.

Durante los tratamientos de ortodoncia una correcta higiene bucal es especialmente importante. Los alimentos se retienen entre los aparatos intraorales facilitando la formación de placa bacteriana y con ello el riesgo de caries.

Adultos y caries. Causas diversas

Además de las anteriormente mencionadas otro causante de caries es la denominada Xerostomía o Síndrome de boca seca, que se puede producir por el uso de fármacos, sustancias psicotrópicas o enfermedades sistémicas como el Síndrome de Sjögren (enfermedad autoinmune). La disminución de saliva hace que se acumulen los ácidos de las bacterias aumentando así el riesgo de caries.

La falta de tratamientos de ortodoncia en la mayor parte de la población adulta ha sido otra causa importante de formación de caries. El apiñamiento de dientes dificulta la limpieza haciéndolos especialmente sensibles a la formación de placa bacteriana.

Por el mismo motivo, las prótesis dentales que van sustituyendo las piezas ausentes, siendo necesarias, suponen también una causa de riego en si mismas al dificultar la limpieza, especialmente las removibles, que conllevan además un desgaste del esmalte por los ganchos en las piezas de soporte.

Otras causas son el consumo de alcohol, los cepillados agresivos que dañan especialmente las encías provocando su retracción, el envejecimiento avanzado que lleva a un abandono de la higiene bucal.

Recomendaciones

Como norma general una alimentación equilibrada, con un consumo moderado de azucares, especialmente de glucosa, pero sin perder de vista los hidratos de carbono, acompañada de un correcto cepillado, el cuidado de las encías y las visitas periódicas al dentista son fundamentales para mantener en el tiempo una boca sana.

El cepillado debe realizarse 3 veces al día, durante al menos 2 minutos, siendo el más importante el de la noche. Es recomendable utilizar una pasta con flúor, en poca cantidad (el tamaño de un guisante es suficiente), y nunca realizar cepillados bruscos.

Durante la infancia se debe prestar atención al biberón, evitando que el niño se quede dormido después de las tomas sin lavarse los dientes. Tratamientos como la fluorización ayudan a remineralizar el diente haciéndolo más resistente.

Con aparatos de ortodoncia es especialmente importante evitar la ingesta continuada de alimentos azucarados, y de tomar alguno hay que cepillarse los dientes inmediatamente después.

En edades más avanzadas la pérdida de dientes suele ser común, los portadores de prótesis y los que presenten apiñamientos dentarios deben cuidar especialmente la higiene y acudir con mayor frecuencia a las revisiones para vigilar la formación de placa. El uso de irrigadores en estos casos para facilitar la limpieza es muy recomendable.

Los apiñamientos es aconsejable corregirlos y las prótesis deben estar correctamente ajustadas, visitando al odontólogo en cuanto se perciba movilidad, del mismo modo se debe acudir a clínica cuando se observe falta de insalivación, retracción de las encías, dolor, inflamación o sangrado.

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